Leatid - Centro Latinoamericano de Formación e Investigación para la Conducción Institucional Judía

American Jewish Joint Distribution Committee

Rediseñando comunidades del nuevo siglo

Daniel Fainstein

PLENARIO 3


“REDISEÑ@NDO COMUNIDADES DEL NUEVO SIGLO
VISIÓN Y VALORES JUDÍOS EN UN ESCENARIO CAMBIANTE”


Expositor: Daniel Fainstein


¿Para qué venimos a estos encuentros comunitarios?.
Mi respuesta personal es que vengo para encontrarme con viejos amigos y conocidos, y para hacerme de nuevos amigos y conocidos, con los que compartimos nuestra preocupación por el futuro de nuestras comunidades, del pueblo judío. Tambien participamos de estos encuentros para ampliar nuestros horizontes intelectuales y personales, para comprender mejor el mundo que nos rodea.


Cuando me invitaron a participar de este panel, por deformación profesional, como alguien que viene tanto de las disciplinas textuales del judaísmo, como de las humanidades y de las ciencias sociales, me puse a analizar el título del panel: “Rediseñando comunidades del nuevo siglo”. Enseguida observé que hay tres componentes básicos en esta oración. “Rediseñando” forma parte del campo semántico de la acción, de la voluntad, de lo que deseamos modificar; “las comunidades, la visión y los valores” son el sujeto y el objeto de la transformación y por último en un “nuevo siglo, un escenario cambiante”, el nuevo contexto en el que nos toca actuar.


Del “nuevo siglo”, dado el escaso tiempo disponible, mencionaré la inóspita brutalidad del contexto y cómo la urgencia de las situaciones que estamos enfrentando no nos permiten desarrollar estrategias de pensamiento que se anticipen a los problemas, por lo que volvemos a repetir esquemas del pasado, que muchas veces no nos conducen a ninguna parte. Tenemos que repensar nuestras categorías y sistemas de pensamiento, para adecuarlos creativamente a estos escenario inestables, complejos y cambiantes.


Del segundo punto “comunidades, visión y valores” que son los componentes sustantivos del judaísmo, dada la limitación de tiempo, quiero presentar un esquema sintético desarrollado por el profesor Paul Mendes-Flohr, de la Universidad Hebrea de Jerusalem. Cuando hablamos de Judaísmo, de valores, de visión, podemos mencionar 5 términos que comienzan con la letra “c” que abarcan la mayor parte de los componentes del judaismo : credo, código, culto, comunidad y cultura.




  • Credo: se refiere a los contenidos fundamentales, ontológicos, que dan sentido a la cosmovisión judía. D`s, Torá, el pueblo de Israel, la tierra de israel, en sus múltiples combinaciones e interpretaciones son las bases del credo judio.




  • Código: estamos hablando de la Halajá, de las pautas de vida, las normas que regulan el judaísmo tradicional.




  • Culto: nos referimos a los rituales que a veces se independizan de su origen en las creencias y que tiene la función de acompañarnos en las transiciones y en las crisis de la vida, como así también la función de forjar nuestra memoria e identidad colectiva.




-Comunidad: la pertenencia a klal Israel, tiene un sentido de pertenencia no sólo físico ni geográfico sino también temporal
- Cultura: porque la vida tradicional evolucionó como una cultura distintiva y aunque el judaísmo es una cultura fundamentalmente religiosa, tiene dimensiones folclóricas, éticas, axiológicas que permiten una vivencia de otro tipo.


Esto cinco elementos, estas cinco formas de conceptualizar lo judaico, han sufrido cambios muy intensos en los últimos doscientos años, generando la llamada crisis de la identidad judía.


Después de formular estas breves reflexiones sobre los 2 primeros términos del título del panel, quiero a focalizar mi exposición en el último término ,”Rediseñando” pues creo que es el núcleo de la discusión que nos convoca. Creo que hoy ya nadie cuestiona la necesidad imperiosa de rediseñar a nuestras instituciones para hacerlas relevantes y viables a la luz de los cambios socio-económicos, culturales, espiritruales, demográficos y generacionales que afectan a nuestro planeta.
Frente a este concepto tan sugerente “rediseñar”, me surgieron cuatro interrogantes básicos:
¿quién tiene que rediseñar?, ¿qué queremos rediseñar?, ¿cómo queremos rediseñar a nuestras comunidades?, y por último la pregunta clave: ¿para qué queremos rediseñar nuestras comunidades? Sobre estos interrogantes quiero formular ocho principios que creo que nos pueden ayudar a pensar críticamente la tarea del liderazgo comunitario ante este nuevo siglo.


1- Credibilidad
El primero se refiere al liderazgo, a quien debe rediseñar. Nosotros somos parte del liderazgo de estas comunidades. Una condición indispensable para poder liderar es la credibilidad. En hebreo hay un interesante juego lingüístico de palabras que tiene una misma raíz etimológica. La primera de ellas es emuná que no significa fe como se la suele traducir generalmente, sino que es más bien confianza en la capacidad de poder apoyarme en alguien. Si seguimos avanzando con la misma raíz etimológica llegamos a neemanut que significa fidelidad. Cuando confío en alguien, sé quien es por mis experiencias positivas anteriores, entonces me puedo apoyar en él y puedo expresar la lealtad que nos permite avanzar en proyectos colectivos . El tercer momento de este juego lingüístico de la misma raíz, es aminut que quiere decir credibilidad de la confianza “en”, pasamos a la lealtad que sentimos ante quien tiene la credibilidad de asumir sus compromisos y creencias.
Lamentablemente en la última década hemos visto una enorme crisis de liderazgo comunitario por falta de principios éticos, porque se hicieron pactos y concesiones que nunca debieron hacerse, lo que ha hecho un enorme daño a la trama social comunitaria, generando desconfianza y recelo. Así como existe una gran apatía y cuestionamiento de los liderazgos políticos de nuestras sociedades, también hay un gran escepticismo sobre el liderazgo comunitario, justamente porque nos hemos dejado corromper o influir por las peores estructuras de nuestros sistemas políticos, culturales y económicos. El liderazgo comunitario ha perdido muchas veces esa credibilidad que le permite liderar proyectos, porque se ha perdido la transparencia y la coherencia. Estos lamentables procesos han distorsionado la visión del liderazgo.
Por esto, un primer paso que debemos dar para permitir la renovación comunitaria está en incorporar en puestos de liderazgo a personas con una trayectoria honesta y clara que tenga la credibilidad necesaria para generar consenso y lealtad.


2- El espíritu de Najshon
El segundo principio fundamental es recuperar el espíritu de Najshon.
Como ustedes saben según la tradición rabínica (Bamidbar Rabbah 12-16; Pesikta meujeset le Rab Kahana 26b; Abot de Rabbi Natan 11:45-46) Najshon ben Aminadav, (Véase Números1.7) es ese judío que cuando el pueblo estaba en una crisis aparentemente sin salida, atrapado entre los egipcios y el Mar Rojo, no dudó en arrojarse al Mar Rojo .Gracias a su iniciativa y coraje, las aguas se abrieron. Este príncipe de la tribu de Iehuda fue recompensado siendo el primero que llevó su ofrenda durante la inauguración del Tabernáculo en el desierto.
El problema no es únicamente conseguir seguidores que vengan a acompañar cuando el proyecto está en marcha. La cuestión no es la de ser el décimo hombre que viene para formar el minian, la clave está en ser el primero del minian, aquel que genera los nuevos núcleos de desarrollo para salir de las situaciones de crisis a partir de una visión en la que se cree y por la que se está dispuesto a comprometerse. Este espíritu de Najshon existe en nuestras comunidades. Hoy asistí a un panel sobre iniciativas comunitarias en el que se presentó un proyecto llamado “Volver al shule”, el cual surgió por una iniciativa de un grupo de líderes jóvenes y gracias al cual 89 niños que no estaban en la escuelas judías hoy están en ellas en Argentina. Próximamente 200 niños entrarán en este proyecto que incluye no solo becas sino apoyo psicológico y educativo para asegurar una buena inserción comunitaria de los niños y sus familias. Este es un ejemplo pequeño pero todos conocemos este tipo de iniciativas que provienen de personas que no esperan que las cosas sucedan, sino que se anticipan, se comprometen y generar nuevos proyectos.


3- Enfrentar los desafíos adaptativos
Un tercer principio fundamental que en mi opinión es clave para poder rediseñar verdaderamente nuestras instituciones, es distinguir y afrontar los desafios adaptativos de nuestras comunidades. Este concepto lo desarrolló el prof. Ronald Heifetz, de la universidad de Harvard, en su libro “Liderazgo sin respuestas fáciles”.
En este libro Heifetz plantea una concepción valorativa del liderazgo, una de cuyas ideas centrales es la de desafio adaptativo, el cual contrapone a los problemas técnicos, es decir aquellos cuya causas y soluciones conocemos.
Para Heifetz al igual que los sistemas vivos, los sistemas sociales bajo amenaza intentan recuperar el equilibrio. Un ”equilibro significa una estabilidad en la cual los niveles de stress en las áreas políticas, psicológicas, culturales, económicas de la sociedad no se incrementan. Sin un clima general de urgencia, sin el sentimiento de que algo tiene que cambiar, es posible que la sociedad no haga nada hasta que sea demasiado tarde.”
Frente a una situación de crisis y de inestabilidad que requiere un nuevo equilibrio hay tres posibilidades: 1-se aplican las respuestas habituales y se restaura el equilibrio (cuando estamos ante un problema técnico); 2- se intenta restaurar el equilibrio con respuestas del pasado que dan una calma temporaria pero traen graves consecuencias para el futuro, incluyendo la declinación total del grupo; o 3- la sociedad se moviliza para producir una nueva adaptación, es decir, encara la compleja tarea de enfrentar el nuevo desafío.
Este tercer tipo de respuesta es el que caracteriza al veradero liderazgo, que es aquel que moviliza el trabajo adaptativo de su comunidad, evitando las falsas salidas o los escapes facilistas. La pregunta clave para el liderazgo judío hoy es por lo tanto ¿cuáles son los desafíos adaptativos que enfrentan nuestras comunidades en América Latina? ¿Cuáles son esos desafíos adaptativos que significan situaciones de los que no conocemos muy bien en qué consiste el problema verdaderamente, ni tampoco sabemos muy bien las soluciones, por lo que requieren un nuevo aprendizaje en el cual la responsabilidad es compartida tanto por el liderazgo como por la comunidad? La única forma de resolver la tensión entre los valores que tenemos y las circunstancias, está en la transformación, transformarnos nosotros o transformar ciertos valores para encontrar una respuesta satisfactoria a las necesidades de la comunidad. Frente a las complejidades que genera el trabajo adaptativo lo más común son los mecanismos defensivos de escape. Generalmente buscamos chivos expiatorios, nos desviamos de los problemas, pensamos que son iguales que en el pasado, etc.
La tarea fundamental del liderazgo comunitario consiste en identificar y enfrentar los principales desafíos adaptativos que afectan nuestras comunidades. En términos generales y desde una perspectiva global creo que hoy son cuatro fundamentalmente. El primero es el tema de la nueva pobreza, es decir el creciente empobrecimiento de las clases medias judías, proceso que está cambiando la base socio-económica y cultural de funcionamiento de nuestras instituciones además de los severos padecimientos que esto genera en la gente.
El segundo desafío, es el tema de los matrimonios mixtos. ¿Cómo preservar nuestra identidad y pautas familiares endogámicas en una sociedad atractiva y abierta? No es este un problema técnico, que se pueda resolver con las respuestas del pasado, ya sea aceptando o prohibiendo las conversiones, etc.
Un tercer desafío tiene que ver con brindar una educación judía de calidad para todos. ¿Cómo hacemos para juntar los recursos, reclutar a educadores talentosos que sepan generar experiencias educativas significativas tanto para jóvenes y adultos, que lleguen al alma y al corazón de cada persona?
El cuarto desafio ¿cómo nos estructuramos como un pueblo universal, con un centro en Israel y una multifacética diáspora, en este mundo multicultural tan complejo?


4- Pluralismo
El cuarto principio que quiero mencionar es el pluralismo, el cual tiene que ver más con el qué y con el cómo rediseñamos a nuestras comunidades e instituciones. Cuando hablamos de pluralismo nos referimos tanto a nivel intracomunitario como extracomunitario. No podemos más construir nuestra imagen de identidad como se hacía tradicionalmente demonizando o denigrando al otro. Hasta ahora los mecanismos de construcción de identidades se hicieron planteando fronteras que denigraban a los otros. El antisemitismo es un ejemplo de este fenómeno, como la desvalorización del no judío es su contracara. Nuestra tarea es generar los mecanismos de construcción de identidad con límites claros y permeables, pero que al mismo tiempo sean inclusivos y respetuosos del otro.
En el plano interno debemos generar reglas de juego claras para permitir el disenso y la diversidad en temas religiosos, políticos, ante Israel, etc., en un marco de respeto y Ahavat Israel. Nunca fuimos una comunidad monolítica, y pretender coartar el debate y la discusión en el marco comunitario es una buena receta para excluir a la gente más talentosa y comprometida de nuestras instituciones, y empobrecer la vida cultural y espiritual de nuestro pueblo. De todas formas creo que deben existir límites, como existen en todos los sistemas democráticos para preservar la diversidad creativa de la existencia judía de las agresiones de los intolerantes y fundamentalistas, que se consideran los únicos representantes legítimos de la comunidad, y que denigran y desprecian a quienes eligen otras formas de expresar su judaísmo.


5- Impacto educativo
El quinto principio tiene que ver con el impacto educativo.
En el rediseño que hagamos, no importa de qué tipo de institución o programa se trate, hay una pregunta clave que debemos formularnos: ¿qué impacto educativo tendrá este nuevo programa, institución, etc? Cuando hablo de impacto educativo no me refiero sólo a instituciones educativas formales. Me refiero a ¿cómo fortalecemos la voluntad de querer ser judío? ¿Cómo enriquecemos la base de conocimientos, compromisos y prácticas judías necesarias para desempeñarse plenamente como judío en un mundo posmoderno? Dado que el ser judío es una elección, un punto de partida, en el mundo moderno (y no se vive como en las sociedades tradicionales como un dato del destino) el futuro de nuestras comunidades depende de la voluntad de cada judío de querer seguir comprometiéndose con su pueblo y tradición. Esta es la función principal de la educación judía: fundamentar creativamente la elección de lo que somos, dar sentido a nuestro origen para que se convierta más en una elección personal que en una reliquia del pasado.
¿Cómo encendemos la chispa de la espiritualidad judía? ¿Cómo cultivamos judios orgullosos de su condición, con una visión fundamentada de su identidad judía?.
Las prioridades comunitarias deberían basarse en este criterio del impacto educativo, si somos verdaderamente serios en nuestro compromiso con la continuidad judía.


6- Viabilidad
El sexto principio para rediseñar nuestras comunidades es la factibilidad y la viabilidad. Uno de los grandes problemas de nuestras comunidades es que a veces nos lanzamos a proyectos sin tener la viabilidad de recursos requeridos, ya sean humanos o económicos. Muchos proyectos de envergadura que se iniciaron en comunidades y que fracasaron rotundamente porque no tenían bases sólidas, generaron una enorme frustración en mucha gente. Podemos mencionar a universidades, proyectos culturales, instituciones educativas, medios de comunicación a los que les tocó pasar por esa situación. La viabilidad es un tema clave. No podemos pensar solamente en buenas ideas, necesitamos poder traducirlas a la realidad con los recursos necesarios. Si no somos realistas en este concepto, si no realizamos un estudio de factibilidad, que vaya mas allá de lo económico, esta dinámica irresponsable va a generar más frustración, más sufrimiento, más costos sociales. Al mismo tiempo debemos saber que en un mundo incierto y complejo, muchas veces factores imposibles de prever pueden abortar a los proyectos más planificados y elaborados.


7-Confrontando la herencia de la Shoa e Israel
El séptimo principio está relacionado con el por qué y el para qué rediseñar.
Es indiscutible que los 2 hechos axiales del judaísmo contemporáneo por su impacto en todos los aspectos de la vida judía, son la Shoá y el establecimiento del Estado de Israel. Estos hechos de significación compleja han cambiado el paradigma de la modernidad judía. Al mismo tiempo somos testigos de una tendencia peligrosa a nivel mental e ideológica de sobredimensionar el lugar de la Shoá en la vida contemporánea como centro de actividades judías.Tenemos el deber de recordar y nunca olvidar los horrores de la Shoá. Pero no debemos olvidar que el Judaísmo siempre se ha centrado en la vida y no en la muerte y el principal paradigma de nuestro pueblo, como lo dice el Rabino David Hartman, es Sinai, el Pacto de vivir una vida “santa” y noble ante D`s y los Hombres, y no Auschwitz.
Al mismo tiempo dada la problemática del proceso de paz con los palestinos y otros desarrollos de la sociedad israelí, Israel está perdiendo el peso emocional, espiritual y existencial que tuvo para el judaísmo de la diáspora hasta hace unos 20 años. Una experiencia de vida y estudio en Israel es un elemento indispensable para cada judio.


8- La esperanza: esa utopía judía
Por último, tenemos que recuperar un concepto que hoy en día debido a las falsas proclamas sobre “el fin de la historia” o por este mundo de un pragmatismo radical tergiversado y utilitario, se ha deteriorado: el espíritu utópico y la esperanza. Nuestro pueblo siempre dice “recuerdo del éxodo de Egipto”, porque el éxodo de Egipto es el paradigma básico de la liberación. Fuimos esclavos en un mundo donde la esclavitud no tenía salida y logramos transformar y revertir esa esclavitud en el proyecto de liberación por excelencia del mundo occidental, el éxodo.
En ese sentido tenemos que recuperar el espíritu utópico y la visión a largo plazo en lugar de vivir encerrados en proyectos a corto plazo. Paul Tillich nos clarifica el valor de la utopía en la vida de los seres humanos: “Donde no hay una utopía anticipadora que abra posibilidades, nos encontramos un presente estancado y estéril. Para los hombres que no tienen utopía el presente es inevitablemente constrictivo y análogamente las culturas que no tienen utopías permanecen prisioneras del presente y retroceden rápidamente al pasado, porque el presente sólo puede estar plenamente visto en tensión entre el pasado y el futuro. La fecundidad de la utopía consiste en esto, en su capacidad de abrir posibilidades... El judaísmo es quizás el movimiento utópico más trascendental de la historia porque directa o indirectamente ha elevado a toda la humanidad a otra esfera de la existencia.”
Hace 2.500 años un grupo de judíos como nosotros vivió una crisis terrible, me refiero a la destrucción del Templo de Jerusalem por Nabucodonosor (586 a.e.c.) y el exilio de la elite comunitaria a Babilonia. Este golpe que destruyó al reino de Judea había roto todos los basamentos de la comunidad y la gente estaba desesperada. Pasaban gran parte del día sentados a orillas de los ríos de Babilonia, angustiados, sin saber qué hacer porque todo el mundo que habían conocido había sido destruido por los brutales cambios de la historia. En ese momento la gente decía, “se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, (abdá tikvateinu) todo ha acabado para nosotros”, tal como lo relata el profeta Ezequiel en la conmovedora visión de los huesos secos que volvieron a la vida, como en el futuro cercano le ocurrirá al pueblo de D`s.
(Ezequiel 37).
Hace 2.500 años en Babilonia la gente desesperaba ante la crisis de un presente aparentemente sin futuro. Hace 100 años el movimiento sionista, ante una nueva crisis del pueblo judío, ante los desafios de la modernidad proclamó: “No se ha perdido nuestra esperanza” (Od lo abda tikvateinu) y en otro contexto dramático,
revitalizó el sentido del ser judio y lo incorpora en el himno Hatikva.
El diálogo entre el profeta Ezequiel y los exilados con los pioneros del sionismo produjo uno de los fenómenos más inesperados y maravillosos de renovación nacional y espiritual que se registra en las crónicas de la historia universal.
La desesperanza nos invade a todos a veces, ante un mundo tan difícil.
En este contexto viene el valor de este principio fundamental. La esperanza nos purifica y nos da fuerzas porque nos abre nuevas posibilidades que desafían el fin y a los límites de la contingencia.
En medio de los difíciles momentos que estamos viviendo creo que recuperar este horizonte utópico, este horizonte de esperanza es uno de los elementos fundamentales para abocarnos al rediseño de nuestras comunidades.

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